Tabaco y embarazo


Durante el EMBARAZO y el PARTO, el consumo de tabaco por parte de la futura madre, se ha asociado con diversas patologías de muy variada índole, todas ellas derivadas del paso de diferentes componentes del tabaco a través de la barrera placentaria, pudiendo producir en consecuencia alteraciones múltiples.

La madre que fuma durante el embarazo expone a su futuro hijo a los mayores riesgos, como no nacer (en el lenguaje médico se diría a un aborto espontáneo). Si logra sortear esta contingencia podrá nacer prematuro o de bajo peso. Tras el nacimiento tiene más riesgo de fallecer mientras duerme (Síndrome de Muerte Súbita, Muerte en Cuna o Muerte Blanca), riesgo que se quintuplica si la madre fumó y fuma más de 20 cigarrillos por día. Esto sucede porque los bebes cuyas madres son fumadoras tienen menos despertares durante el sueño ante el aumento del anhídrido carbónico o disminución del oxígeno sanguíneo, (situación que puede suceder si el bebe cursa algún catarro de vías aéreas superiores o simplemente obstruye su nariz y boca contra el colchón mientras duerme boca abajo). También se comprobó que los hijos de madres fumadoras necesitan un umbral de sonido más alto para despertarse que los hijos de madres no fumadoras.

El hábito de fumar durante el embarazo reduce el peso, la talla, los perímetros cefálico y torácico y el pliegue tricipital del recién nacido permitiendo a Nieburg definir el Síndrome de Tabaquismo Fetal.

Durante la última década surgieron evidencias que los hijos de madres fumadoras podrían tener riesgo de retraso madurativo y problemas de comportamiento. Pero lo dramático de esta situación, absolutamente evitable, es que recientes publicaciones científicas nos informan que el retraso mental idiopático (esto es inteligencia por debajo del promedio (CI 70 o inferior)),  de los niños cuyas madres son fumadoras estaría directamente vinculado al tabaquismo materno en un tercio de los casos.

También se ha demostrado que las madres que fuman durante el embarazo tienen bebes con incremento de la presión arterial.

Los investigadores estiman que si las madres dejaran de fumar, la incidencia global de la mortalidad infantil disminuiría un 10% y la incidencia de muerte súbita del lactante descendería en un 27%.

Creemos que los datos que se exponen son lo suficientemente convincentes para que los padres tomen real conciencia de lo dañino que es el tabaco para la salud de los hijos y que le hagan caso a lo que dice el bebe:

ESTA PROHIBIDO FUMAR

¿Cómo dejarlo?

Elige un día para dejar de fumar (día D) y ve mentalizándote para ese día. Para ello:

  • Comunica tu decisión a la familia, amigos y pareja, busca ayuda en ellos, que no fume nadie delante de ti.
  • Haz una lista con tus verdaderos motivos para dejar de fumar, piensa en tu salud y en la de tu bebe.
  • Identifica las situaciones que más asocias a fumar y luego busca alternativas. Si ya lo has intentado antes, identifica lo que te fue más útil y los motivos que te llevaron a recaer, para así poder evitar los mismos errores.
  • No fumes en cuanto te apetezca, deriva el deseo de algunos cigarrillos hasta dentro de unos momentos y elige lugares o situaciones en los que sueles fumar y no lo hagas más (en el coche, en la habitación, después de comer, etc.).
  • Haz ejercicio como caminar o nadar, te ayudará a controlar los síntomas de abstinencia.
  • Aprende a relajarte y piensa en el beneficio que ofreces a tu bebe: la mayor parte de técnicas de relajación consisten en respirar lenta y profundamente.
  • Aunque para dejar de fumar es necesaria siempre tu voluntad, mentalízate que puedes hacerlo.

Después del día D:

  • No pienses «no fumaré en toda la vida», concéntrate en el día presente «hoy no fumaré».
  • Si te aparece un deseo muy fuerte de fumar, tienes que saber que cede en pocos minutos y que con el tiempo será cada vez menos intenso y frecuente. Piensa en otra cosa y recuerda los motivos por los que quieres dejar de fumar.
  • Si tienes insomnio: evita el café y las bebidas con cafeína.
  • Si te encuentras más cansada: aumenta las horas de descanso y de sueño. Dejar de fumar y mantener el peso es posible: intenta comer más frutas, beber más agua y zumos, y hacer más ejercicio.

Y recuerda que es esencial la abstinencia total (no fumar nada), por ello, no cedas nunca, ni siquiera por un solo cigarrillo, ni por una sola calada, ése es el origen de la recaída. Evita las falsas seguridades: «por uno no pasa nada». Tu hijo te lo agradecerá.

(De: http://elblogdetumatrona.blogspot.com/)

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